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Alma Carbajal – Writer

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mes

enero 2017

Lazarus

Por: Alma Carbajal Guzmán.

 

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Los sortilegios son senderos de palabras, que pueden volver al pensamiento una pesadilla eterna, o bien transmutar la fantasía en realidad;  la mirada indemne de un amante, después del accidente del beso, es  algo parecido, más poderoso, dejando el alma en una especie de letargo, entre nudos interminables de caricias.  El pensamiento no puede sintonizar otra imagen. ¿Que quedará al final del purgatorio emocional? ¿Quién sera apresado y quién el carcelero de tan abstracto encanto?

 

 

Anne, era una mujer que rozaba los 16 años, se puede decir que rozaba porque no había mudado su piel de 15; se encontraba  semidesnuda recostada en la cama, tocándose con el dedo meñique  el clítoris,  entretanto,  recitaba levemente y despacito un nombre ininteligible, ese único susurro  despertó al demonio que residía en el umbral de su puerta.

 

– ¡Calla! Basta.  Deja de nombrarle. Acaso no sabes que transpiras azafrán y caléndula. Puedo olerte desde lo profundo de mi caverna y apestas a enamoramiento, no uno cualquiera, porque sigues hechizandote tu sola sin darte cuenta. Tus labios al nombrarlo van tejiendo cuerdas.

 

Después de la llamada de atención, el demonio observo sus pupilas, a modo de medico, mientras Anne seguía recitando el nombre una y otra vez de aquel hombre que recién había conocido hace dos semanas.

 

– Tu alma esta dormitando. ¡Perezosa! – grito –  Pudieras estar despierta de este lado de la puerta, pero en el otro estas embalsamada por un beso y lo peor envuelta en cadenas por un espíritu lunar inmundo,  por una mirada, insignificante mirada humana. Esto es el colmo de la idiotez.  Aprendiz de bruja, tantos años con ustedes, generaciones excelsas casi al principio de la sórdida guerra; eres una vergüenza, estos encantamientos deberías soltarlos  con facilidad tú al viento cual veneno.

 

La joven pronto pareció despertar de la somnífera alegoría sexual  en la que se encontraba.

 

– ¡Lazarus! ¿Quién te ha dado permiso de salir del circulo?

 

– Tú, o lo poco que quedaba en la superficie de tu mal juicio. Una especie de alarma, si necesitas asistencia. El fragmento más superficial de tu alma actúa como proyección astral.

 

Luego de esta súbita e innecesaria explicación puesto que Anne ya sabia el porque de estos menesteres, Lazarus   la abofeteo a garra ardiente.

 

– Por ¡Satanás ! ¿Que te sucede? ¿Porque me golpeas?

 

– Es un recordatorio de tu insensatez. Hasta la maldad necesita disciplina en  algunas ocasiones. Puedes explicarme como ha sucedido esta desavenencia. Soy la burla favorita en los círculos del infierno por tu causa. Tus generaciones no solo se revuelcan en la inmundicia, escupen en tu nombre,  a la última sangre de tu estirpe. Que decepción de discípula ha terminado por tocarme. Sin embargo es buena una reprimenda si es que hay sangre involucrada.

 

Anne sangraba profusamente del rostro por la bofetada, pronuncio tres palabras y su cara volvió a tener la palidez y firmeza de siempre; se levanto de la cama y tomó de la cómoda una bata para cubrirse, ya que  después de haber despertado de la ensoñación, el frió lengüeteaba  juguetón sobre sus pequeños y frágiles pezones.

 

La joven se sentó sobre la cama entrecruzando las piernas, con mirada ajena y dispuesta a escuchar su penitencia, miró a su interlocutor con ojos de oveja, suspiró y exhaló entre los labios el nombre de su enamorado.  Por los 40 cuernos de Lazarus sudaba la desesperación, ansiaba escuchar las razones por las cuales su aprendiz se había dejado hechizar tan vulgarmente.

 

– Lo conocí en un bar;  su mirada estrecho en su recorrido cada parte de mi cuerpo.Él se acerco hacia mi, entablamos una conversación simple – esas que llevan comentarios inútiles, risas, estupideces y  excesos de sarcasmo – luego nos encontramos en ese reflejo de miradas interminables, no podía dejar de mirarle, quería entrar en él.  Deje que cruzara con las manos  la frontera,  en la que mi blusa actuaba como cerco ante una piel exaltada. Busqué la desnudez  parcial de todas las partes implicadas. El reloj nos jugo una mala pasada y se abalanzo sobre nosotros,. la luna se encargo de iluminarme el camino de regreso a casa.  Él traspaso el umbral de la puerta corrediza del apartamento; con sus dos manos en forma de plegaria me tomó del rostro y aproximó sus labios a los míos. En un rezo desesperado, fuimos besando a la pasión por pasión, pero a mi me sucedió algo curioso, fui hilando esos recuerdos involuntariamente, pactando con las sensaciones para retenerlas en el alma, el mayor tiempo posible  – no quería hacerlo, sin embargo, no me resistí  – entonces sus ojos me atraparon y me rendí al  encanto, al calor y presencia de su cuerpo. Caí en una especie de adormecimiento, me recosté sobre la cama;   invadida bajo el yugo de su abrazo  el hechizo comenzó, recite su nombre tres veces cuando me desprendí de la blusa y el sujetador. Seis veces más, y  solo me quede con las bragas puestas. Nueve veces por nueve  y no pude evitar que la lujuria como una fiera, devorase e  invadiera mis sentidos. Y así empece un sortilegio interminable con su nombre palpitando entre mis dedos, mis labios y mi pecho.

 

Para mala fortuna de la chica, el haber relatado con tanto entusiasmo el acontecimiento, le puso de nuevo en un suave y enervante aturdimiento, por lo que comenzó a recitar  de nuevo el nombre imborrable de aquel hombre desconocido.

 

Lazarus la tomó en  sus brazos.  Con una de sus garras estiro su lengua y con el asta numero 36 se la corto. Anne fue liberada en un grito mudo, quedó en las lagunas quietas del silencio por un tiempo, hasta que su lengua fuera creciendo con el paso de los meses.

 

 

Recomponiendo los excesos

Una reflexión fortuita de Carbajal A.

 

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El exceso seguirá siendo un recordatorio constante,  de que la existencia se mide en lineas blancas de intensidad, los excesos, siempre los encuentras caminando sobre la avenida, cuando el claxon ya te genero daño permanente en los oídos, o en una noche de pasión cuando después de la voluptuosa sucesión de besos y abrazos, solo queda el exceso del desarraigo a un cuerpo extraño.

Nos imponemos la tarea de cercenar las múltiples cabezas del aglutinamiento de las emociones, la llama de la paciencia, suspendida entre la marea de una ira incontenible. El tiempo transcurre entre la cautelosa rutina,  y cuando vuelves el rostro hacia el espejo cada mañana, encuentras a un extranjero que se ha instalado como opresor de tu propia personalidad, la original, queda en el campo de batalla de todos los días.

 

¿Cual es tu adictivo exceso? amor, idolatría por otro ser humano, idolatría hacia ti mismo, Ira, belleza, soledad, cigarrillos y tazas de lagrimas, estallidos de dudas a media mañana…

 

Pero la razón por la cual escribo esto, es para ver si este yo de ojos esmeraldas puede perderse, en la infinita conflagración del Internet, en las aguas alfanuméricas para que no regrese jamas, o que el lector pueda exorcizarlo mientras lee estas lineas virtuales, confió en que mas de uno podría querer deshacerse de ese personaje e historieta, que no precisamente infiere un sentido cercano a la del super héroe;  la deslavada agonía de no saber quien eres cunado te preguntas si estas dentro del cuadro de dialogo correcto. Solo espero que tanto el lector identificado y yo podamos recobrar el semblante de nuestro yo original, sin perdernos en lo irreflejable de un contexto firmado y autorizado por nuestras rabias ulteriores.

 

 

 

 

 

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